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Leo: Cómo ser un perro Alfa en 5 pasos



Hoy te quiero compartir una historia, más real que Beethoven el San Bernardo y tan dramática como una obra teatral pero que me permitió comprender a un grado muy profundo la evolución de las dinámicas sociales a nivel biológico.





Primero te compartiré la historia que despertó mi curiosidad. A demás de que esta escita con mi absolutamente exquisito uso de la verborrea malusada del diccionario, es bastante divertida e interesante desde una observación intelectual. Después te compartiré mi joven e inteligente lector, 5 claves DISTINTIVAS de los hombres que realmente conquistas su realidad como alfas natos y viven una vida inmortal. Un par de esos secretos que transforman tus conexiones sinápticas y revolucionan tus neuronas a velocidades imperceptibles.


Pero empecemos por el principio, el día que conocí a mi amigo Leo.


La primera vez que lo vi me desagradó su pura presencia. Yo vivía en una cabaña en un hostal que dirigía para el padrino de la punta de Zicatela. Compeón Poli-atleta extremo de prácticamente cada deporte, surfista de olas grandes, chef, militar y genio esloveno Tomo. Uno de mis grandes mentores.


Teníamos a 3 perros, 2 que eran parte del hostal y a Pochutla, una linda Waker Coonhound cuyo amo había partido unos meses y aunque estaba siendo cuidada en el hostal había empezado a salir con Leo, un perro que una chica había salvado y alimentado pero después abandonado en el hostal y que mi gran jefe esloveno no quería cerca ya que era un callejero agresivo que media cuadra quería matar. Al parecer constantemente se metía en problemas y aunque respetaba a los humanos siempre buscaba someter a los demás perros bajo su masculinidad y Pochutla, igual que otras perritas de la cuadra, realmente se le aventaban encima. Yo no sé si era gay o practicaba el celibato para elevar su testosterona, un perro NoFap’er pero siempre les huía de aquí para allá cuando le saltaban encima como groupies de un cantante de Rock n´Roll.


Aunque me desagradaba bastante su actitud, una tarde mientras caminaba con mi maestro de salsa argentino, Omar “el Pelao”, lo encontramos siguiéndonos por una calle de la cuadra. El perro de Marlon, a quién íbamos a buscar, una bestia infernal con grandes colmillos, al ver a Leo empezó a ladrar enardecido. Leo sonreía desde fuera y rápidamente se acercó a la esquina del portón a orinar 3 veces y observar desde su libertad al perro enloquecido. A penas nos vieron a través de las rejas, una chica se acercó a abrir la puerta y con el primer desliz de libertad, Aslan, el perro infernal de Marlon, se abalanzó sobre Leo para que Leo solo lo esquivara con un movimiento ligero y tomara por detrás de la oreja solo para empezarlo a arrastrar contra el pavimiento. En unos instantes Aslan pasó de ser un fiero León a ser un cachorro asustado sollozando con más dolor del que pudiese recordar haber sentido.


Velozmente Marlon intervino golpeando a Leo con un tubo para separarlo de Aslan, rápidamente me metí yo a tomar a Leo por el lomo para aventarlo lejos de Aslan que corrió a esconderse dentro de la casa a toda velocidad con una oreja casi desprendida.


Rápidamente Omar entró con Marlon, yo me despedí y seguí caminando y me acerqué a Leo que me veía con una sonrisa de satisfacción en el rostro cubierto en sangre.

En esa época éramos parte de la Punta, una comunidad internacional de surfistas que había creado un paraíso tropical en el último rincón de la playa de Zicatela y había creado una realidad fuera de lugar y tiempo.


En esa esquina los perros pasean libremente por las calles y hacen sus propios grupos inter-cuadra, pandillas de los perros de la esquina que ladran a los extraños y no permiten la entrada a otros perros.

Cada hostal tenía su perro, cada restaurante tenía 2 o 3 y bajo la sociedad humana se había creado una simple pero complejo sociedad canina dónde Bubu, el perro de el gran jefe Tomo, uno de los primeros en la punta. Regía con su pandilla de 9 perros la mayor parte del lugar. Ellos cuidaban el hostal de Tomo y Tomo cuidaba de ellos como sus hijos.


Por otro lado Leo era un perro solitario, inadaptado e inaceptado por humanos y canes aunque no parecía molestarle mucho, le gustaba ser respetado pero independiente. Un perro sin dueño o un perro que es dueño de sí mismo. Un perro Swami.


A penas empecé a conocerlo me di cuenta que lo había juzgado mal, que no era un perro agresivo de la esquina sino un verdadero alfa y aun peor tenía barrio pero no fue cuando descubrí que este perro era un gangster que decidí adoptarlo a sabiendas que nadie entraría a robar con el de guardian, lo que no aceptó aunque si aceptó volverse un amigo casual que viene a comver de vez en cuando.


Bubu era el único perro cuya sangre nunca había cubierto el rostro de Leo y Leo se mantenía a raya sin meterse con Bubu, quien no necesitaba rejas, siempre iba y venía por la calle o el hostal yendo a restaurantes donde ya lo conocían o subiendo la pata para pedirle comida a los clientes del lugar.

A penas un perro del comandode Bubu, los cuales estaban distribuidos entre el hostal y la cuadra, viera a un perro desconocido ladrar, empezaba a ladrar en un patrón al cual otros perros respondían y comunicándose como sirenas policiacas con distintos patrones y sonidos pero siempre en un orden. Si Bubu ladraba una vez, 9 perros aparecerían en al menos 4 minutos rodeando al perro extraño para ver si es aceptado o inaceptado mientras ladran intentándolo asustar. Si el perro no reacciona y se comporta con respeto lo dejaban quedarse pero a Leo normalmente lo empujaba fuera de sus áreas.


Durante un atardecer yo paseaba por la terraza cuando un perro gigantesco, como un gran danés con cabello de Golden, entró en la zona del hostal. Bubu, junto con 3 perros, apareció ladrando a todo pulmón en ese mismo momento pero el perro cuya raza aun desconozco sin miedo se abalanzo sobre Bubu empujando a sus compinches con su cuerpo… a penas Bubu tocó el piso, apareció como un rayo Leo saltando y empujando al gran perro contra una camioneta. El perro aterrado intentaba meterse debajo pero no cabía aunque lograba levantarla bastante mientras Leo lo intentaba sacar arrastrándolo de una pata.


Bubu lo detuvo de un ladrido y el volteo dejando que el perro huyera por su vida, el resto de la cuadrilla rodearon a Leo a quien Bubu solo miró unos instantes para darse la vuelta y caminar con Leo siguiéndolo como parte del grupo.


A partir de ese momento, aunque los humanos no aceptaban a Leo este se ganó el aprecio del perro más importante de la colonia por lo que él le permitía dormir en su territorio y solo de vez en cuando Leo responde al llamado a la batalla.


Poco a poco los demás perros lo empezaron a respetar, lo podías encontrar en cualquier esquina, orinando para recordarles que seguía ahí y que él era el segundo al mando.


Este perro constantemente dormía fuera de mi cabaña y me acompañaba a mis caminatas por la playa o a surfear al atardecer, la gente empezó a decir que era mío aunque yo sabía que Leo no tenía dueño.

Esto me permitió tener con él una relación simbiótica y darme cuenta de que los perros son bastante más inteligente de lo que creía, solo necesitan organizarse por grupos y liberar su propia personalidad canina.


También me hizo darme cuenta de muchas micro-dinámicas que se dan en las relaciones sociales quizá mucho más instintivas y salvajes pero no menos complejas que las que tenemos los humanos.

Aunque Leo sonreía con la cara cubierta en sangre de otros perros (algo habitual en él ya que durante las noches se iba cada vez más lejos y volvía a la mañana a dormir después de sus peleas) él pudo entender cómo organizarse y ganarse su puesto jerárquico siendo sí mismo pero haciendo simbiosis con la sociedad canina que lo albergaba.

Mis últimos días en Puerto Escondido salía cada tarde a la Punta a ver el atardecer dónde Leo siempre aparecía rodeado de algunas grupies y fans de los que el huía para correr a mi lado o perseguir a otros perros.


Finalmente aprendió a comportarse y fue cuidado por los voluntarios que trabajan para nosotros en el hostal a cambio de hospedaje y alimento (y trabajo en el mejor hostal de Puerto Escondido “Frutas y Verduras” (Si van a Puerto visiten a Tomo, el me paga por cada cliente que diga que llegue por mi… o quizá tal vez no).


De la misma forma que un perro que crece en un departamento, sin contacto con otros perros y solo aprendiendo a amoldarse a su amo se vuelve estúpido, dócil y personalizado. Un perro que vive con docenas de perros, convive con miles de surfistas y viajeros internacionales que vienen a la punta a surfear y comer diariamente puede amoldarse y desarrollar una personalidad canina muy inteligente, llegando a adoptar su propio lenguaje con los sonidos que pueden emitir y ganarse un puesto jerárquico en la cuadrilla.


De la misma forma una persona que es criada bajo un pensamiento muy restringido y cerrado va a tener una visión muy débil y estrecha de la realidad, de sus posibilidades y de lo que hay allá a afuera.


De la misma forma que un perro puede volverse el líder canino de una colonia humana, una persona a través de su personalidad se manifiesta sobre el mundo haciendo que este sea un producto de su voluntad o amoldándose para ser útil para el sistema en el que vive.


Ser alfa no es ser el macho de la oficina, ser alfa es realmente ser tu quien dictamina tu realidad y aprender a hacer alianzas simbióticas para crear comunidades revolucionarias en pro del desarrollo intelectual sin perder el balance con la fuerza física y desenvolviéndose como un miembro útil para la comunidad, ya sea de unos millones, unos cuantos o sólo sí mismo si eres un lobo solitario.


Ser alfa es guiar tu realidad e influir en la de otros y ahora quiero compartirte 5 rasgos que no pueden

faltarle a un/a Alfa net@.



1.- Actualización del entendimiento y la percepción: Sin duda lo que logra que una Alfa sea “el Alfa” es su entendimiento de cómo funciona el universo. El alfa real es mucho más que un perro marcando su territorio. Un humano alfa comprende las leyes físicas que rigen el cosmos y sabe que su poder está en el conocimiento que tiene sobre su entorno por lo cual constantemente está actualizándose con nuevas experiencias, libros y fuentes de conocimiento que amplíen su visión elevando su campo de acción y su control sobre SU realidad.


Cuanto más conocemos del mundo más poder tenemos sobre el puesto que podemos alcanzar, entender los procesos que se llevan a cabo nos enseña qué hacer para que las cosas sucedan, tanto en el mundo externo y social como dentro de nuestros propios cerebros.