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El día que conocí a Chojin

Actualizado: oct 7



El día de ayer me veía al espejo y diciendo "Jero, lo hiciste" has transitado el camino del guerrero y pasado cada ciclo conquistando los obstáculos, es hora de ser rey". Esto me llevó a recordar el día que me di cuenta que podía lograrlo. Quiero compartirte esta experiencia porque me llevó a una idea, una idea que prevaleció sobre el resto he hizo la diferencia. Déjame compartirte la historia del día que conocí a Chojin, déjame compartirte la experiencia que me permitió darme cuenta que lo que podía lograr en esta vida.



Tenía 17 años y ene entonces ya había acumulado un poco más de experiencia de vida que mis compañeros coetáneos, me había liberado de la carga escolar al terminar a los 16 y tenía al menos dos años libres antes de tener que “alcanzar” a los de mi generación en la universidad, 2 años para dedicarme a mi mismo.


Mi amigo más cercano de la época, Rojo1, como yo le decía por el color de su cabello. Me había escuchado hablar de que empezaba a adquirir un gusto por el rap, sobre todo por un español de pseudónimo “El Chojin” el no solo tenía el record Guiness de pronunciar más sílabas por minuto, también había hecho de rap un movimiento y había trascendido, junto con Nach, los límites mentales para usar el rap como una herramienta para implantar ideas. Diría Alan Moore “la gente muere pero las ideas son a prueba de balas y se reproducen como un virus” o Jason Silva “Las ideas tienen sexo y mezclan y tienen hijos, las ideas despiertan y se propagan por el ambiente” y las ideas de Chojin estaban cambiando mi ideología, la cosmovisión por la cual percibía mi realidad.


Y al parecer mientras caminaba por el centro Rojo1 había visto un flyer de que un partido político traía a Chojin como artista principal a un evento público. Me parecía irónico como intentaban usarlo para entretener cuando sin saberlo lo usaban para despertar. En fin, fue un evento al que tenía que acudir y Rojo1, Doc Gus y Chinos se apuntaron a acompañarme.

El evento estuvo infestado con exhibiciones de coches, artistas de menor calidad y una que otra batalla de freestyle en la que tuve la oportunidad de participar. Finalmente a las 12 de la noche apareció el gran anuncio, Chojin estaba llegando.

Para ese momento ya se habían ido al menos 9/10 de las personas que estaba ahí al principio, menos de unas 200 personas aguantaron para congregarse en aquel momento para la presentación del rapero legendario y mis colegas y yo estaban entre esos pocos guerreros.


Chojin apareció con una canción introductoria, saludando con un patrón exquisito de rimas y palabras cuyo orden estaba pensado letra por letra para introducir al anfitrión. Como el diría “sabiendo expresarse de tal forma que entiendan lo que está en tu cabeza”.


Así pasó diciéndonos que “el mundo sigue girando” hasta que llegó la despedida y empezó a “Cerrar el garito”.

Tenía unas ganas de subir pero sabía que si quería estar allá arriba es él tenía que invitarme y por quién era tenía que hacer algo para que pudiera invitarme a mí con una excusa que fuera suficientemente buena para que yo subiera y no otros.


Le pedí a Chinos que me subiera en sus hombros, le dije a Rojo que se acercara teniendo el pensamiento de que si me paraba en sus hombros y veía fijamente a Chojin a los ojos, quizá, solo quizá pudiera obtener su atención unos instantes y con una mirada poderosa y unas señas preguntar si podía subir, era poco probable pero menos probable sería si no lo intentaba.


Así que me senté en sus hombros y empecé a mover las manos con ese ritmo que caracteriza el rap, sintiendo cada explosión del bombo como un latido del corazón. La gente empezó a seguir el paso pronto estaba siendo el centro de los espectadores, entonces lo hice, le dije a Rojo que me diera la mano y me ayudara a pararme en sus hombros.


Así lo hicimos y una vez erguido haciendo balance con Chinos deteniéndome por atrás voltee a ver a Chojin a los ojos que con maestría sobre la palabra pudo continuar cantando mientras me sostenía la mirada como un tigre. En ese momento me di cuenta de que el también era un humano, un humano que había alcanzado la maestría y sabía el poder que tenía y lo que hacía con él pero un maestro al final. Un maestro como el que yo podría llegar a ser si realmente me empeñaba en eso.


En ese momento dejé de verlo como un superhéroe y empecé a verlo como una meta. En una fracción de segundo vi mi futuro transformándose con nuevas decisiones frente a mis ojos mientras seguíamos sosteniendo la mirada aunque ahora entendía que algún día yo podría ser el que estuviera en ese escenario, incluso él había empezado a asentir con la cabeza al ritmo de público. Decidí que era el momento de hacer la seña y acercarme para saltar al escenario y al mismo tiempo que mi cerebro mandaba la señal para “hacer que cuente lo que hago en el tiempo”.


Se detuvo de golpe la música, un tipo había saltado del escenario trepándose entre los guaruras para intentar abrazarlo. Chojín saltó hacia atrás, los guardias lo agarraron mientras el chico extendía el brazo gritando “¡solo dame la mano!” Chojín paró por un segundo y volteo viendo al público para exclamar “no sería justo, tendría que hacerlo con todos los demás. Así que siga la música”.


Y al momento la música volvió y el finalizó el concierto con el pedido de “¡Otra, otra!”. Finalmente se despidió y empezó a caminar hacia las escaleras, corrí con Chinos ya que todos empezaban a marcharse y había una brecha diminuta de tiempo entre que bajara del escenario y subiera a su limousine. “Ahora o nunca Chinos” le dije saltando en sus hombros y viendo a mi ídolo a lo lejos “¡Chojin!” Grité a todo pulmón. Él se paró un momento y volteo por encima del hombro viéndome de reojo “¡Gracias por las nuevas ideas!” Grité.


Volteó su cabeza completamente y me hizo una seña de despedida guiñando el ojo con una sonrisa y pronunciando lo que me pareció un “Gracias a ti, esto era para ti”(la verdad no dijo eso último pero hubiera sido perfecto). Volteó hacia su transporte y se marchó.


Chinos se agachó dejándome caer, me vio a los ojos y dijo “te notó y lo hiciste sonreír”.


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